Con el mes de junio comenzando, el sector inmobiliario levanta la persiana en la más completa incertidumbre. No es sólo porque el estado de alarma, aunque ya suavizado aún continúa y porque la incógnita del turismo no se despejarán hasta el próximo mes, sino porque la evolución en lo que queda de año tiene tantas versiones como sabios en el sector.

La mayoría está de acuerdo, aunque sin coincidir en los porcentajes, que bajarán compraventas y precios. También dicen que la recuperación llegará en enero, aunque no se ponen de acuerdo en el año. En todo caso los retos están claros, atraer a los posibles clientes, que cada día utilizan más internet y Google, afrontando a la vez un gran proceso de digitalización e implementación de nuevas tecnologías. Porque algunos se han dado cuenta de que en esto de las nuevas tecnologías e internet están como hace años y el confinamiento les ha atropellado.

En esto sí que están todos de acuerdo, la  irrupción del COVID-19 ha puesto de manifiesto que han sido las empresas inmobiliarias con webs desarrolladas y con herramientas tecnológicas, las que han podido seguir realizando una parte de su trabajo con resiliencia y flexibilidad ante los cambios.

Pero el sector abre sus puertas con muchas más novedades que han llegado para quedarse. Como el teletrabajo, que será permanente para una parte de las plantillas a pesar de que hace tres meses, con algo menos del 4% de los trabajadores en esa modalidad laboral, estábamos a la cola de Europa. Y es que ante esta opción las empresas tenían dos grandes dudas para su implantación, la primera la ausencia de una red tecnológica suficiente y la otra la desconfianza ante la productividad de los empleados y el descontrol que pudiera originarse. Y ambas se han visto solventadas en poco más de un mes.

Casi un 35% de la población activa ha estado teletrabajando durante el confinamiento. Y los resultados obtenidos por las empresas han sido muy positivos. No sólo por el buen rendimiento de los trabajadores, sino también por los ahorros que esta modalidad puede suponer para las empresas. Suministros energéticos, agua, mantenimiento, limpieza…y sobre todo la posibilidad de bajar el coste del alquiler al poder disminuir el tamaño de la oficina. Y estos ahorros, no lo olvidemos, pasan directamente a beneficios. Tras el confinamiento y con la desescalada gradual, muchos trabajadores seguirán con esta opción que tan sólo presenta ventajas para ambas partes.

Y ello va a tener repercusiones en el inmobiliario. Por un lado en la disminución de los metros cuadrados que necesita una empresa y por otro en el tipo de vivienda que ahora valoran poder tener los trabajadores. Por un lado porque salimos del confinamiento con ganas de balcones, terrazas, jardines y más metros…por si acaso. Y la alternativa se alza a más kilómetros del centro de las ciudades, a 30, 50, 100 o más kilómetros del lugar de trabajo. Llega una buena oportunidad para los pueblos mejor comunicados y con buenas redes de internet. Y por otro, porque ya no habrá que ir todos los días a la oficina, una vez por semana, por quincena o por mes será suficiente.

Se esperan también cambios en el mercado del alquiler, no sólo porque la menor afluencia de turistas trasladará pisos dedicados al alquiler vacacional al de larga duración, sino porque la crisis económica que viene, forzará al Gobierno a proteger a los inquilinos y una política de precios contenidos. Los empresarios están poniendo muchas expectativas  en el build-to-rent, un modelo que puede comenzar a cobrar auge, al adaptarse a la tendencia de más alquiler frente a la adquisición.

Los inversores que están desaparecidos volverán, porque esperan encontrar buenas oportunidades a la vuelta del verano y porque el inmobiliario continuará siendo un excelente valor refugio, sobre todo cuando se producen grandes crisis económicas en las que prima la seguridad sobre la rentabilidad. Además hay que contemplar nuevas formas de invertir, como el crowdfunding inmobiliario, que  permitirán diversificar el riesgo e incluso mitigarlo en parte teniendo ya presente siempre futuras pandemias.

Pero si hay algo que preocupa y mueve en estos momentos a gerentes y propietarios de agencias inmobiliarias es su puesta al día tecnológica,  su digitalización. El confinamiento ha puesto de manifiesto al sector la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos. Una inversión ineludible para poder continuar desarrollando una actividad normal en un momento en que el mundo se mueve en esa dirección: más presencia en internet, visibilidad en Google, una menor dependencia del trabajo presencial y más actividad digital en el día a día. Todo el cotidiano trabajo de un agente inmobiliario puede ya realizarse on line. Desde la visita virtual a la vivienda hasta la firma de contratos on line y transacciones.

Ya no hay excusas, la transformación digital es obligatoria o se está en Google y se puede hacer todo desde el ordenador u otro tendrá esa ventaja frente a nosotros.  La sociedad desarrollada se dirige hacia un nuevo paradigma en el que todo lo que se pueda hacer a través de la tecnología, se hará: más trabajo en remoto, captación, visitas de clientes por videoconferencia, visitas a inmuebles con realidad virtual, adopción masiva de la firma digital…Lo presencial cede terreno de forma definitiva.

Muchas empresas han podido seguir realizando sus actividades  gracias a la digitalización, con visitas virtuales a viviendas, las valoraciones automatizadas o incluso el cierre de transacciones mediante la firma de contratos online.

Varios son los aspectos a tener en cuenta a la hora de saber nuestras necesidades y hacia dónde se están orientando los esfuerzos tecnológicos para permitirte procesos de venta más flexibles y eficaces.

En primer lugar es preciso contar con un buen sistema web, escalable, posicionado en Google, con un buen SEO o SEM, comunicado con redes sociales y dotado de herramientas de difusión como blog o newsletter. La capacidad de analizar los Big Data nos permitirá tomar decisiones acertadas respecto a inmuebles, su historial, hipotecas, revalorizaciones…

El blockchain se está abriendo paso en el inmobiliario, con múltiples aplicaciones como son el pago de los alquileres sin costes ni comisiones, la tasación de viviendas con documentación válida para posteriores gestiones…

Las visitas online son imprescindibles ante un panorama en el que las limitaciones van a continuar durante meses y habrá que implantar medidas de seguridad sanitaria para clientes y trabajadores.  Las aplicaciones de realidad virtual y realidad aumentada  ya son obligadas para que los posibles compradores puedan visitar las propiedades, incluso aquellas que aún no están construidas, porque así lo están ya demandando. Muchas operaciones se han cerrado de esta forma durante el confinamiento.

Disponer de un chatbot en la web, con preferencia por sus posibilidades a través de whatsapp, es obligado. Lo utilizan ya el 70% de los clientes y pueden darse muchos servicios a través de esta herramienta.

La pandemia que estamos sufriendo -falta aún mucho hasta que le podamos decir adiós- ha impuesto ya unos cambios en el sector inmobiliario que lo van a transformar más en apenas tres meses que en diez años. Y como siempre con los cambios surgirán nuevas oportunidades, unos sabrán aprovecharlas con enfoques innovadores y otros quedarán con las vergüenzas al aire y sin su trozo de queso.

Eduardo Lizarraga

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