Mas de un mes llevamos con la vivienda ocupando programas de radio o televisión, páginas de periódicos y tertulias con expertos de barra en todos los bares del país, y son muchos. El ruido mediático no cesa y los políticos, que esgrimen el altavoz del ladrillo con afán, volverán a darnos un repertorio la próxima semana en el Congreso de los Diputados. Pero al menos, entre tanto disparate propiciado por el desconocimiento, la verborrea y el interés político, van a apareciendo algunas ideas y verdades que nos permiten pensar, como siempre ha sucedido, que tanta discusión no es baldía y surgirá finalmente la luz.
La preocupación por la crisis de la vivienda sigue aumentando
A la vez, aquí y allí aparecen noticias que nos hablan de compras de suelos y proyectos residenciales que se inician. Son numerosos, pero casi todos van dirigidos a un cliente de elevada capacidad adquisitiva, lo que difícilmente va a aliviar la necesidad de la amplia mayoría de españoles que se muestran preocupados por la situación. Y lo dice muy a las claras el último Barómetro del CIS en que, por tercer mes consecutivo, la preocupación por la dificultad para comprar o alquilar una vivienda se sitúa en el primer puesto, alcanzando en febrero ya un 34,1% de menciones.
Este dato no solo marca una tendencia ascendente en los últimos meses, sino que se acerca peligrosamente al récord histórico de 2007, cuando la burbuja inmobiliaria estalló con un 37,3% de preocupación ciudadana.
El acceso a la vivienda se ha convertido en un problema estructural en España. La combinación de factores como el encarecimiento del alquiler, la falta de oferta, el auge de la vivienda turística y la inseguridad en la legislación han llevado esta cuestión a liderar la lista de inquietudes ciudadanas mostrando un problema que no es solo económico, sino también político y social.
Una necesidad que marca el futuro del país
Nuestro país, según diferentes fuentes, necesita construir entre 150.000 y 250.000 nuevas viviendas anualmente, muy dirigidas hacia rentas medias y jóvenes, pero sólo se construyen 95.000. La dificultad para acceder a una vivienda asequible está forzando a demasiados ciudadanos a destinar una parte demasiado importante de sus ingresos al pago de la vivienda, lo que está perjudicando el consumo de bienes y servicios, agravando además la vulnerabilidad de millones de españoles.
Las promociones actuales se dirigen a la obtención de beneficio
Pero estábamos en las promociones de vivienda que se inician en diversas partes de España, sobre todo en la costa mediterránea y las grandes capitales. Mencionábamos, que el problema de estas iniciativas es que la palabra asequible o social brilla por su ausencia. La gran mayoría de la obra nueva va dirigida al segmento del lujo y sus compradores, en muchos de los casos, no residen en España.
Y es que a un promotor es muy difícil que, de otra manera, le salgan los números. Los suelos están disparados de precio, igual que la mano de obra, que además escasea y los materiales; apartándose un 25% de la venta para su bolsillo y un dinerillo para aceite en promociones municipales, el resultado es “apartamentos con piscina y garaje a 200.000” y de ahí para arriba.
Suelos, mano de obra y materiales incrementan los precios
Con los suelos poco se puede hacer a menos que sean públicos y ahí hablamos de los municipales que están prohibitivos, con mucho primo, tío y cuñado, o los estatales, apartados para las grandes actuaciones inmobiliarias y reservados para la gente del palco.
En cuanto a los materiales de construcción, en 2025 construir sigue siendo un reto debido a su escasez y al aumento de precios. Tanto constructores como particulares enfrentan una realidad compleja: retrasos en los proyectos, presupuestos al alza y la necesidad de adaptarse a un mercado inestable. Materiales básicos como hormigón, madera y acero son cada vez más caros. Además, conseguir ciertos productos de calidad, puede llevar semanas o meses, afectando los plazos del proyecto.
Y de la mano de obra para qué hablar. Existe una escasez global de trabajadores cualificados en más del 50% de empresas del sector de la construcción, estimándose un déficit de mano de obra de aproximadamente 700.000 trabajadores. Esta situación incrementa el precio de los buenos profesionales y crea mucha tensión en la planificación del proyecto, con cuadrillas que van y vienen de unas obras a otras. Entre mano de obra y materiales, los costes se han incrementado más de un 30% los últimos cuatro años.
Tampoco la situación jurídica ayuda mucho y menos la gestión de la administración pública, con algunas licencias que tardan años en concederse. Y no se debe a un problema de saturación de trabajo, que ya hemos visto que se construye poco, sino a la burocracia de pequeños municipios que, en lugar de recibir alborozados los nuevos proyectos de construcción que eligen su localidad y van a dejar dinero y crear puestos de trabajo, se hartan de ponen trabas y todo tipo de impedimentos. Tenemos un país complicado en cuanto a la administración, pero será conveniente unificar todos los procedimientos lo máximo posible y crear una manera única de tramitar y gestionar los permisos de construcción.
La construcción industrializada como objetivo
La primera idea que surge ante la necesidad de vivienda que padece el país y que valora en algo más de 1.200.000 viviendas hasta el 2030, es que hace falta construir más asequible y sobre todo más rápido. Y para ello es necesario introducir la tecnología y los nuevos desarrollos, porque seguimos construyendo como hace 2.000 años. Las viviendas industrializadas pueden ayudarnos en el desafío que tenemos por delante y por eso se habla cada vez más de ellas. La industrialización de la construcción de viviendas está asociada a la digitalización y las tecnologías que conectan el diseño, la arquitectura, ingeniería, los fabricantes…todo ello nos permite encontrar los problemas previos a la construcción, buscar la solución y resolverlos antes de comenzar la fabricación.
Esta construcción industrializada de viviendas permite que elementos que desde siempre se han realizado a pie de obra, como son los muros y forjados se fabriquen externamente en naves habilitadas al efecto, y posteriormente esos mismos módulos se transporten y ensamblen sobre el terreno. También facilita que la construcción se pueda comenzar antes de cimentar los terrenos, lo que acorta los plazos.
Muchas luces y algunas sombras
Este procedimiento cuenta con grandes ventajas que permiten soslayar algunos de los problemas tradicionales del sector de la construcción y que en estos momentos están dificultando y encareciendo las tareas. La construcción tradicional generalmente se traduce en tiempos muy largos y difíciles de controlar, ineficiencias y modificaciones de presupuesto.
La construcción industrializada no solo resulta más eficiente y productiva que la tradicional, también reduce los tiempos de ejecución hasta en un 50% y minimiza las probabilidades de errores asociados a la construcción, sin renunciar al diseño o la calidad de los acabados, disminuye los residuos a pie de obra, también los accidentes laborales y puede ahorrar entre un 10 y un 15% en el coste final del proyecto. La mejora de la eficiencia energética y la sostenibilidad, con disminución de la huella de carbono, pueden ser, además, un aspecto importante.
Pero no todo es redondo y exento de los problemas de la construcción tradicional. Los problemas de suelo son los mismos y los de tramitación burocrática pueden ser incluso mayores al no existir unos protocolos claros con estas nuevas técnicas. Falta tejido industrial orientado a estos nuevos procesos, lo que al mismo tiempo supone una gran oportunidad de desarrollo económico y también laboral por la ausencia de mano de obra especializada. Por otro lado, las inversiones pueden ser muy importantes, con unos retornos que tardarán en llegar.
Hace falta poner en marcha la solución
Aunque en nuestro país, de momento, la construcción industrializada representa aproximadamente un 2% del sector, se espera que en los próximos años el porcentaje se acerque al de otros países europeos, como Reino Unido donde representa el 7% o Alemania, con cerca del 9%. De hecho, algunas fuentes optimistas estiman que en 2030 supondrá ya el 40% de los nuevos proyectos. Está claro que piensan en el tirón que puede significar esas 1.200.000 viviendas que necesitamos y la premura en su construcción.
Por estas características únicas, la construcción industrializada supone una solución viable para abordar la escasez de vivienda pública y juega un papel crucial en los planes de construcción a largo plazo. Para fomentar el crecimiento y una adopción más amplia de este método, es esencial establecer un marco legal específico y una regulación que acelere su implementación y facilite la obtención de financiación. Y por supuesto, para que obviarlo, un Plan Nacional de Vivienda, imbricado en un Pacto de Estado, que incorpore estas nuevas técnicas en su desarrollo y lime las asperezas burocráticas. Pero, y al menos de momento, parece que nuestros políticos prefieren seguir instalados en su particular corrala vecinal de San Jerónimo, antes de dar su brazo a torcer y escuchar lo que ya es un clamor nacional. Hay que seguir gritándoselo.

Eduardo Lizarraga
WWW.AQUIMICASA.NET
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