El otoño continúa enrareciendo un horizonte económico que comenzó a mostrar los primeros síntomas de debilidad nada más empezar el año. Esa economía global a la que pertenecemos no nos da ninguna buena noticia, el Brexit con o sin acuerdo, Trump contra el mundo, la locomotora alemana apeada de los raíles y una confianza empresarial en franco retroceso.

Y no pensemos que es una nueva crisis la que nos viene, sino que es una consecuencia de la mala resolución de la anterior, la de 2008, que comenzó siendo una crisis económica y tras una década con más fallos que aciertos, se ha convertido en una crisis política con populismos que alumbran malos tiempos.

La guerra proteccionista emprendida por Trump contra China y apoyada en un EE.UU. con casi pleno empleo y unos salarios que suben, está causando sus primeras víctimas en Europa, con Alemania y su potente sector industrial exportador, a la cabeza. China nos compra menos y las inversiones necesarias para mantener e incrementar las ventas hacia el gigante asiático se han paralizado.

Como sucede en Estados Unidos, con una economía sustentada en gran medida por el consumo interno, algunos países europeos como Francia y España estaban aguantando mejor este inicio de crisis por ese consumo, frente a otros países europeos como Alemania e Italia sumidos en el estancamiento. Pero los indicadores han comenzado a mostrar que eso ya no funciona, Francia se ha estancado también y el crecimiento de España ha disminuido su velocidad.

Y como importante señal de la situación de desconfianza está el incremento de ahorro de los ciudadanos europeos que crece con fuerza. Pero también el envejecimiento de la población y el estrés sobre los el estado de bienestar y las prestaciones sociales. Sin embargo, la buena noticia es que algo hemos aprendido de la anterior recesión y el BCE no parece dispuesto a dejar a los países sin respaldo financiero. También es buena, aunque claramente insuficiente para una situación que puede durar unos años, el anuncio de los 50.000 millones que Alemania invertirá en economía verde y digitalización.

Y en España vamos al compás de Europa, hemos aumentado el ahorro familiar, alcanzando ya el 8,7% de la renta disponible, lo que es su mayor valor desde el 2013. A ello también ha ayudado la mejoría en las rentas familiares, tanto por número de asalariados como por la subida de los sueldos. Pero por lógica, se ha disminuido el consumo que era el motor más importante de nuestra economía, en estos momentos solo supone 1,0 puntos frente a los 1,9 que brindaba entre enero y marzo. Así, la economía se resiente y crece en el segundo trimestre un 0,4% frente al 0,5% del año anterior. Se estanca también la inversión y el sector exterior se ve amenazado por las políticas proteccionistas que asoman por todas partes.

Sin embargo, el empleo no se ha visto aún perjudicado por el descenso de la actividad y el consumo. Sus datos, con un 0,5% trimestral y un 2,5% interanual son buenos, pero podrían estar ocultando una menor productividad y una peor calidad de los nuevos empleos creados. BBVA Research prevé que se ralentice la creación de empleo, que en 2019 aumentará el 2,2% y en 2020, el 1,4%, lo que se traducirá en 750.000 nuevos puestos de trabajo en el bienio y en una tasa de paro del 13,3% al final del periodo.

Los últimos datos del PIB ya avanzan que el crecimiento anual no va a superar el 1,9%, lo que es mucho para las cifras esperadas por los países de nuestro entorno.

Y con este panorama económico general, poco a poco, conforme va avanzando el otoño, la apatía del sector inmobiliario comienza a hacerse más patente y el estancamiento ya se divisa. Y ya no vale echarle la culpa a la nueva Ley Hipotecaria, a un entorno regulatorio incierto o a la incompetencia de los políticos que padecemos, que paralizan inversiones y ahuyentan el dinero. Y en este sentido es sintomático que  si bien en el ladrillo continúan dándose las tasas más fuertes de aumento de la ocupación (con un repunte del 5,0% anual), se han reducido a la mitad sobre la del trimestre precedente (era un 10,2%). Lo cual va en línea con lo que también se aprecia en la inversión en construcción.

La pasada semana el Instituto Nacional de Estadística publicaba que la compraventa de viviendas en agosto se había derrumbado un preocupante 21,1% en dato interanual, con 35.371 operaciones que es la cifra más baja en este mes del año desde 2015. La caída afectaba tanto a las operaciones sobre vivienda usada (-21,1%) hasta 28.945 transacciones  y nueva (-21%) %, hasta 6.426 operaciones. La disminución de las operaciones sobre viviendas usadas es de un 21,1 %, Y sí, con esos datos se vuelve a tasas negativas después que en julio avanzara un 4%.

Con estas estadísticas sobre la mesa se hace imposible acercarse a las expectativas de ventas que se tenían al descorchar el cava en Año Nuevo, satisfechos deberemos estar si se consiguen igualar las cifras del año 2018.

El pasado mes de agosto el mayor número de compraventas de viviendas por cada 100.000 habitantes se dio en Comunidad Valenciana (136), Andalucía (110) y Baleares (109). Y aunque todas las regiones redujeron sus compraventas en agosto, Andalucía fue la región que más operaciones sobre viviendas realizó en el octavo mes del año, con 7.278 compraventas, seguida de Cataluña (5.921), Comunidad Valenciana (5.365) y Madrid (4.899). En el lado contrario de la tabla los mayores retrocesos interanuales se produjeron en Extremadura (-42,7%), Canarias (-41,2%) y Navarra (-39,4%).

Contrariamente a lo sucedido con las operaciones de compraventa, los precios han continuado incrementándose y en septiembre el precio medio de la vivienda terminada (nueva y usada) en España se incrementó un 4,2 % en tasa interanual. Las áreas metropolitanas de las principales ciudades y, sobre todo, los territorios insulares registran los mayores incrementos acumulados durante 2019 (4,6 % y 6 %, respectivamente, respecto al cierre de 2018), por encima del 2,4% del conjunto de España en los nueve primeros meses del año. El precio medio de la vivienda terminada en España acumula, todavía,  un descenso del 33,0 % desde los máximos registrados en 2007.

La costa mediterránea y las áreas metropolitanas destacan con una caída claramente superior a la media, del 41,6 % y del 38,0 %, respectivamente. No hay dudas que si lo sucedido el pasado mes de agosto se convierte en habitual, se incrementará el tiempo medio de venta de una vivienda y los precios se estancarán o irán ligeramente a la baja. Sobre todo en esas ubicaciones de mayor crecimiento en los últimos años.

En este contexto de estancamiento un buen puñado de agencias inmobiliarias nacidas al calor de la recuperación ya han echado el cierre y las que quedan se preparan a capear el temporal. La disminución de las inversiones publicitarias es la primera medida a la ausencia de contactos desde los portales inmobiliarios. Se percibe también una falta de materia prima para vender, ya que el particular se ha acostumbrado rápidamente a ser autosuficiente y ahorrarse las comisiones, con lo que los contratos con estos portales se hacen por paquetes inferiores  a los acostumbrados años atrás.

Sin embargo, las agencias inmobiliarias harían bien en aprovechar este momento de mayor tranquilidad para mirarse a sí mismas e invertir en lo que les diferenciará de la competencia y les permitirá ser más eficaces y eficientes: su página web, adecuándola a las nuevas tecnologías, el SEO y el SEM,  el posicionamiento en su área geográfica de actividad y  la reputación on line. La inversión es asumible y los resultados, aunque más dilatados en el tiempo que la contratación directa en los portales, tiene un retorno seguro.

Eduardo Lizarraga

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