En apenas unas semanas, L’Hospitalet de Llobregat ha despedido a dos vecinos a los que la pérdida de su casa o de su sustento empujó al límite. Y mientras en sus calles se acumulan flores, carteles y concentraciones, el Congreso ha dejado caer este viernes los decretos de vivienda que el Gobierno había aprobado. Dos escenas en el mismo país que parecen ocurrir en planetas distintos: en uno se vota con la calculadora de los fondos en la mano; en el otro se entierra a la gente.
En el mismo pueblo con unas semanas de diferencia
El último caso se conoció este miércoles. Javier, de 60 años, zapatero del barrio de La Florida, fue hallado sin vida en su local de la calle Martí i Blasi. Un amigo vio la persiana a medio abrir, volvió al día siguiente, la encontró igual y avisó a emergencias. Javier vivía en un pequeño estudio en otro barrio, pero pasaba muchas noches en la zapatería, el local del que iba a ser desalojado en los próximos días. Según El Món y La Vanguardia, dejó una nota en la que relacionaba su decisión con el desahucio y con la imposibilidad de pararlo. La noticia llegaba diez días después de que el tejido vecinal de Santa Eulàlia hiciera público otro caso en la misma ciudad.
Olga y Javier, dos vidas rotas por los desahucios
Olga tenía 54 años, vivía con sus dos hijas y había pasado toda su vida en el mismo barrio. Hace veinte años compró su piso con una hipoteca del Banco Sabadell y pagó religiosamente hasta que, en apenas dos meses, se separó y perdió el empleo. Firmó una dación en pago y se quedó en la vivienda con un alquiler social. Hasta que el banco vendió el piso al fondo Promontoria Coliseum Real Estate, que no renovó el contrato. Con el apoyo del Sindicato de Vivienda frenó un primer lanzamiento en junio de 2025, pero el 15 de abril de 2026 el desalojo se ejecutó. Cinco meses después, el 7 de septiembre, Olga murió. Dos historias distintas, una vivienda y un pequeño negocio de barrio, con el mismo desenlace y el mismo código postal.
Otra vez los servicios sociales no pueden hacer nada
La noche anterior a su desahucio, Olga acudió a urgencias psiquiátricas del Hospital de Bellvitge y fue dada de alta ese mismo día. Su abogado llevó la prueba al juzgado para pedir la suspensión, pero el lanzamiento siguió adelante. Vecinos y sindicatos llegaron a ofrecer al fondo la compra del piso. No hubo acuerdo. Lo más amargo es que nada de esto pilla a nadie por sorpresa: los expertos describen la pérdida del hogar como un factor estresante de primer orden, y solo en Barcelona se detectaron el año pasado 124 ideaciones suicidas entre familias inmersas en procesos de desahucio. Las administraciones tienen los datos. Lo que falta son protocolos que lleguen antes que la comitiva judicial.
Alquileres subiendo y salarios por debajo
Detrás de cada caso hay una aritmética que no cuadra. Los alquileres llevan años subiendo muy por encima de unos salarios que apenas se mueven, y cualquier imprevisto, una separación, un despido, una renovación denegada, convierte a una familia trabajadora en una familia en riesgo. El inquilino ya no compite con otros inquilinos: compite con carteras de inversión que miden la vivienda en rentabilidad por metro cuadrado.
El mercado de la vivienda en alquiler no da tregua a los inquilinos
Este mismo lunes, en la calle Sardenya de Barcelona, era desalojada una mujer con una discapacidad reconocida del 36 % en un edificio de 24 viviendas controlado por un único propietario. La Generalitat anuncia expedientes contra quienes convierten bloques residenciales en colivings, y el movimiento por la vivienda denuncia que el decreto estatal solo impide a los fondos comprar pisos por debajo del 70 % de su valor de tasación. Es decir, el negocio sigue; solo cambia ligeramente el precio de la entrada.
El Congreso, de espaldas a los barrios y las personas
El Gobierno troceó el martes su decreto de vivienda y hoy el Congreso lo ha dejado caer. Mientras, el caso de Olga ha servido de munición: Alberto Núñez Feijóo aseguró que nadie se había preocupado por ella, y Gabriel Rufián y Oskar Matute le recordaron que su partido votó contra la moratoria de alquileres. Ruido de hemiciclo mientras la acampada de la Puerta del Sol cumple varias noches. Quien tenga memoria recordará los años de Mariano Rajoy, cuando los desahucios por hipoteca se contaban por miles, no existían las protecciones antidesahucios actuales y las noticias de personas que se quitaban la vida ante el lanzamiento se repetían con una frecuencia insoportable. Aquella época no fue un accidente: fue el resultado de dejar la vivienda en manos del beneficio. Hoy, con los decretos en el suelo, el riesgo de volver allí es real.
La situación de la vivienda no augura nada bueno
El Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya ha convocado una gran manifestación este sábado, 3 de octubre, en la plaza Pío XII de L’Hospitalet, y pide la bajada de los alquileres y la expropiación de pisos de grandes tenedores. Se compartan o no sus recetas, el diagnóstico es difícil de discutir: cuando una ciudad suma dos muertes vinculadas a desahucios en pocas semanas, el problema ya no es de mercado, es de dignidad. Y la pregunta que queda en el aire es cuántos nombres más tendremos que escribir antes de que alguien en el Congreso baje a los barrios.
Si estás pasando por un momento difícil o tienes pensamientos suicidas, llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas. En caso de emergencia, 112.
Una breve historia de los suicidios por desahucio en nuestro país