La pandemia del coronavirus está suponiendo una auténtica hecatombe para muchos sectores como los del ocio y el turismo, golpeando también gravemente al inmobiliario, sobre todo en zonas turísticas. Pero siempre en medio de la crisis surgen oportunidades que si sabemos aprovecharlas pueden disminuir el impacto económico sobre nuestra empresa. Y así, el cambio laboral y sanitario que todo esto está originando. ha supuesto un espaldarazo casi definitivo a la implantación del teletrabajo.

Obligadas por las medidas de confinamiento, las empresas han enviado a sus trabajadores a desarrollar sus tareas desde casa. En el camino han acelerado una transición que, hasta ahora y en función del país que analizáramos, había sido lenta. La circunstancia abre un horizonte de posibilidades amplio, muy en especial en lo relativo a la vivienda. Podremos residir desatados a la oficina y elegir en entorno que queramos.

¿Siendo así, qué países elegiríamos? Hay un sinfín de variables a tener en cuenta. Y todas ellas parecen favorecer a España. Una encuesta elaborada por la consultora inmobiliaria Knight Frank coloca a España entre los destinos preferentes en todo el mundo. El 17% de los participantes  consideraría adquirir una propiedad en nuestro país. Y mudarse. Sólo le supera Reino Unido (30%).

Es un porcentaje llamativo por la variedad de la muestra (44 países distintos) y por el contraste con el resto de destinos. Francia, el tercer país en liza, fue la elección para el 9%. El resto de países se fue muy abajo, con Suiza, Canadá y Estados Unidos en el 4%.

El orden de prioridades no ha cambiado. España era y sigue siendo hoy un destino interesante para una mayoría de compradores. La diferencia estriba en la disponibilidad de muchos de ellos para desplazarse: el 25% admite que piensa en el traslado a otro país, en parte como resultado de la epidemia que asola al mundo. El tipo de vivienda deseado también ha cambiado: un 45% desea ya viviendas unifamiliares, con hasta un 37% apuntando a casas en entornos rurales o semi-urbanos.

¿Por qué es importante todo esto? Porque algunos trabajadores, si el empleo telemático se extiende tras la pandemia, pueden tener la tentación de buscar otros destinos donde vivir. «Dos tercios de los encuestados afirman que trabajarán desde casa con más probabilidad tras el confinamiento, lo que explica que un 64% consideren ahora que una oficina en casa sea más importante». El coronavirus ha acelerado un cambio sustancial en nuestras preferencias vitales.

Es algo lógico, en especial si pensamos en las condiciones precarias que muchos trabajadores han afrontado durante el confinamiento. Sin espacio, sin material de oficina, en pisos compartidos. En ese sentido, España parece bien posicionada a nivel internacional para captar a trabajadores cualificados que, una vez deslocalizados, busquen un destino barato (en relación a otros países ricos), soleado y con propiedades atractivas, si bien a precios razonables.

No es un asunto menor. Sabemos que el teletrabajo es una cuestión de clase, y que la mayoría de quienes lo disfrutan disponen de rentas altas. Esto abre la puerta a la competencia entre regiones. ¿Quién dispondrá de la mano de obra cualificada? Países como España, donde los trabajadores especializados y técnicos son numerosos y donde los salarios son más bajos, pueden servir como destinos muy atractivos. Tanto para los trabajadores como para las empresas.

El teletrabajo puede permitir a núcleos urbanos o rurales hasta ahora perdedores en el proceso de globalización y tecnificación atraer mano de obra, personas que llenen de nuevo sus calles y plazas. No es lo mismo cobrar 30.000€ en Madrid (vivienda mediante) que en Burgo de Osma. Son buenas noticias… Si el país sabe aprovecharlas.