Durante mucho tiempo se tuvo una cierta creencia de que los bancos eran entidades serias, fiables y en las que se podía confiar. Esta crisis ha cambiado de forma radical esta creencia. Bankia, la Caixa, el Popular…y una larga lista de nombres, se han encargado de ello. Ahora es el Banco Sabadell quien sale a la palestra con una nueva indignidad. Y como casi todos con las cláusulas suelo, un dinero que consideraban seguro y ya no lo es. El Banco Sabadell ha sido una de las entidades financieras que más han tardado en asumir el abuso que suponen las cláusulas suelo de las hipotecas. Ahora con la orden del Tribunal Supremo tiene que asumir su eliminación y devolverles las cantidades indebidamente cobradas, al menos, desde esa fecha.
A la entidad le ha costado mucho admitir que debe quitar a sus clientes las cláusulas suelos de las hipotecas y olvidarse de los ingresos que suponen; y sólo lo hace cuando hay abogados de por medio. Así, es necesario que los letrados envíen un documento de acuerdo extrajudicial al Sabadell y, sólo entonces, el banco contacta con el cliente para negociar la eliminación de la citada cláusula.
Una vez que la entidad tiene la comunicación contacta con el cliente y le pide que vaya a su oficina para firmar un documento en el que se le quita la cláusula suelo. Pero no es gratis. Se le pide, a cambio de no iniciar un proceso judicial, no devolverle las cantidades indebidamente cobradas.
Y por si fuera poco y para que no haya lugar a dudas de la actuación indigna que supone, el banco incluye en su propuesta de acuerdo un apartado en el que obliga al cliente a la confidencialidad. Ni abogados ni medios de comunicación.
En el camino se quedan todos los impedimentos que el banco pone para no proporcionar la documentación necesaria para que el cliente pueda iniciar el procedimiento judicial, tales como los justificantes de los pagos de las cuotas hipotecarias y los intereses abonados.
Son una mafia de terror. He tenido conocimiento de que practica, acogiéndose a la nueva y usurera ley hipotecaria, y por la cual con solo mayoría y la firma del presidente de una comunidad, endeuda a la totalidad de los vecinos sin pudor alguno.
El caso más sangrante, y del que tengo datos que os puedo trasladar, es cuando apoya unas obras «innecesarias» en un edificio del que forma parte, porque ha pactado antes ser el prestamista.
De verdad que esta gente no tiene vergüenza, mucho menos humanidad: a la comunidad que va a condenar a pagar derramas de por vida, está repleta de jubilados.