La burbuja inmobiliaria que trajo ingentes cantidades de dinero del futuro -que hay que pagar- ha dejado en nuestro país, además de la deuda, unas 600.000 viviendas nuevas, acabadas y sin vender. Y aunque la venta de pisos y casas está creciendo en 2015, lo hace fundamentalmente en viviendas de segunda mano.
De hecho, distintos expertos aseguran que una gran parte del excedente disponible de viviendas nuevas es «invendible» debido a su mala localización, a las condiciones en las que se encuentran los inmuebles y a un entorno laboral poco favorable. La última entidad en sumarse a esta afirmación ha sido la agencia de calificación crediticia Fitch Ratings en un informe sobre el sector inmobiliario español.
Esta agencia calcula que el número de viviendas nuevas construcción «invendibles» es de alrededor de 150.000, es decir una cuarta parte del stock de 600.000 viviendas existente. «Debido a su mala localización y condiciones en que se encuentran tras cuatro o cinco años de abandono, un considerable número viviendas nuevas tiene muy pocas oportunidades de encontrar un comprador , asegura Fitch. Además considera que este escenario será más frecuente en zonas que se prevé sufran los desequilibrios estructurales de la economía española durante más tiempo.
En su informe la agencia crediticia señala que el mercado inmobiliario español sigue atravesando dificultades y es podo posible que comparta los beneficios de la recuperación de la economía del país en el corto y medio plazo. En este sentido señala, como otros expertos del sector, que la recuperación del sector inmobiliario español se está realizando de forma desigual por zonas y que en tanto que los inmuebles bien situados de las grandes ciudades se están beneficiando del crecimiento de la economía y el crédito, muchas viviendas de baja calidad siguen «vacías e invendibles» en la periferia y en áreas económicamente débiles.
Son las viviendas embargadas, a juicio de la agencia, las que sufren una mayor depreciación, que puede llegar al 67%, sobre todo por el deterioro físico que sufren. Pero también culpa de la situación a las agresivas estrategias utilizadas por algunos acreedores para sanear su balance y a la complejidad operativa y legal de los embargos, especialmente de las viviendas vacías. También estima que los cambios legislativos que se avecinan podrían afectar al valor de las viviendas vacías, y pone de ejemplo la introducción en Cataluña este año del impuesto a las viviendas que han estado vacías durante más de dos años sin justificación.
Además señala que la gravedad de las pérdidas por las ejecuciones hipotecarias en España ha seguido incrementándose a la vez que el mercado inmobiliario residencial del país se ha ido recuperando. Según su análisis, las pérdidas medias por las viviendas embargadas vendidas en la primera mitad de 2015, equivalen al 61% del estado del préstamo en el momento del embargo- Este porcentaje es un 53% superior al año pasado. El porcentaje medio de pérdidas ha crecido de forma constante desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y actualmente supone el doble que en el 2009 y casi diez veces más que el de 2007.
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