Un problema tapado y sin solución a la vista
La espera media para entrar en una residencia pública alcanza los 225 días, más de siete meses. Para una concertada, 162 días. Mientras tanto, alguien tiene que cuidar al mayor en casa, las 24 horas del día, sin descanso y sin apoyo institucional. Y cuando finalmente hay plaza, puede estar a diez kilómetros, o a veinte, porque lo que hay es lo que hay.