Si las promesas construyeran casas, ya estaría bajando el precio
Con estos mimbres, la magnitud del problema exige lo que en España se ha convertido casi en una broma recurrente: un pacto de Estado. Cinco o seis años de planificación seria, más allá de una legislatura, para que dentro de un tiempo razonable haya viviendas donde realmente se necesitan, y no en algún patatal perdido a cien kilómetros de los puestos de trabajo